Con más de dos décadas de historia, El Tambor de la Tribu no solo sigue vigente, sino que renueva su esencia con un nuevo EP, una gira cargada de nostalgia y energía, y un sonido que vibra con madurez, sin perder su raíz guatemalteca.
Este 2025, la banda celebra sus 23 años de trayectoria y 20 de su primer disco y reafirma la razón por la que sigue marcando el pulso del pop latino en Centroamérica.
Hablar de El Tambor de la Tribu es hablar de evolución, identidad y fiesta con sentido. La banda guatemalteca, nacida en el 2002, ha sabido navegar con estilo propio entre géneros como el pop latino, el rock, los ritmos afrocaribeños y los sonidos tradicionales de nuestra región. Y lo mejor: siguen tan vivos como en sus inicios.

Su álbum debut Afinando los cueros (2005) fue el primer golpe del tambor que despertó a una generación con hambre de sonidos nuevos, pero con raíces firmes. Aquel disco, hoy convertido en un clásico moderno, cumple 20 años en el 2025, y es precisamente ese aniversario el que activa una nueva etapa en la historia de la banda: la #GiraTTXX, una travesía musical que recorre Guatemala y que muy pronto cruzará fronteras hacia Estados Unidos.
Pero la gira no llega sola. Este año, El Tambor publicará un nuevo EP producido por Benjamín Díaz (conocido por trabajar con Reyli, Aleks Syntek, Danna Paola y otros), que trae consigo una paleta sonora más madura, fresca y universal. Pop elegante, toques de funk, arreglos de cuerdas y atmósferas modernas se entrelazan sin perder la esencia tribal que siempre los ha caracterizado.
El primer adelanto de esta nueva producción fue el tema Bésame y despídete, lanzado el pasado 18 de julio, justo en el 23 aniversario de la banda. Un tema cargado de emoción y fuerza melódica que abre el camino a una etapa más introspectiva pero igual de bailable.
Desde que apareció en la escena, El Tambor ha sabido conectar con públicos diversos gracias a su autenticidad. Lo ha demostrado en sus discos —Afinando los cueros (2005), Alborada (2007), Perfume (2012), Felina (2017)— y en colaboraciones memorables con artistas como Los Rabanes, Jonaz (Plastilina Mosh), Aleks Syntek y en homenajes que tocan fibras profundas del repertorio guatemalteco, como sus versiones de Mi Plegaria, Linda Morena y Luna de Xelajú, entre otras.

Además, su energía en directo los ha llevado a compartir escenarios con gigantes como Maná, Shakira, Reik, Daddy Yankee, Fonseca o Cultura Profética, tocando en Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua y EE. UU.
Hoy, más que una banda, El Tambor de la Tribu es un símbolo musical de Guatemala. Un proyecto que ha sabido reinventarse sin traicionar su esencia, y que sigue marcando el compás del pop hecho desde el corazón del istmo.